Hijo de los señores José Amalio Bidó (Malí un hombre que aun hoy es recordado, ya que fue un precursor del carnaval; salía a disfrazarse siempre en las temporadas carnavalescas). Y de la señora María Ramona de Bidó.
“Desde niño sentí la pintura y me gustaba dibujar. Ayudaba a mi padre en la decoración de su disfraz, el caimán, pintándolo con líquido marrón y negro; es ahí donde empiezan mis primeros “pinitos” dentro del arte.
Luego, siempre ganaba los primeros lugares en los eventos de arte escolar, en los que se hacían trabajos manuales”.
Algunas veces quería ir a jugar pelota con mis amigos, pero si me iba sabia que en la noche no tendría nada para comer. Yo pensaba que eso no podía ser mi vida; mi sueño era llegar a Bellas Artes, en Santo Domingo.
¿Cómo inicia en la pintura?
Desde niño me gustó la pintura, pero podría decir que inicio a partir de mí llegada a Santo Domingo el 27 de Noviembre del 1952. Una vez allí, trabajo como mandadero en el Colegio de Monjas Serafín, en donde le presento mis dibujos a una de las monjas, quien queda impactada y decide ayudarme a entrar a Bellas Artes en el 1955, lo que inicia mi vida en el arte.
El arte estuvo aquí por los años de 1962, sin embargo, no gozaba de gran popularidad y no se podía vivir de él; entonces decido pintar paredes, rotular las letras de las guaguas, lo que me ayudó mucho; yo hacía carteles para los cines. También era profesor auxiliar en Bellas Artes. “Viví catorce años de la rotulación y me ayudó bastante en mi vida como artista”.
¿Cómo surge la idea de traer la Plaza de la Cultura a Bonao?
Inicio mi propia galería en el 1976, comienza con una pequeña galería y un taller de enmarcados; sin embargo, siento la necesidad de darle a Bonao algo que no tenía. Así que en el 1987, decido venir para acá y donar lo que era mi academia.
Luego me reúno con el Dr. Héctor Abreu y organizamos la “Fundación Bonao para la Cultura”. Cuando aun estábamos en la Calle Sánchez.
La idea de mudarnos detrás de la iglesia, nace un día en el que al ver ese solar vacío me propongo ubicar la Plaza allí.
Le comento al padre Marcelino de mi idea de poner la Plaza de la Cultura en ese terreno, luego convocamos una reunión en Ayuntamiento con las autoridades y parte de personas que nos apoyaron en esta solicitud.
Tan pronto aprobaron el proyecto, el arquitecto diseñó un bosquejo de todo el edificio, llevé a Falconbridge, donde se acordó realizar el proyecto. También nos apoyó la Comisión por Decreto con la que me aprobaron dos millones de pesos de los cuales solo me dieron un millón cincuenta mil, con ese dinero empezamos a hacer este edificio.
Luego ganamos el premio, “Brugal Cree en su Gente” y logramos hacer un anexo que teníamos hecho de cinc y que no es un gran edificio, pero ahí está y estamos con mayor libertad.
Hemos realizado exposiciones dentro y fuera de América Latina, en Alemania, Jerusalén, Madrid, entre otros.
Uno de mis sueños es construir el teatro de Bonao, por lo pronto tenemos un pequeño teatro aquí mismo en la Plaza, con capacidad para 150 ó 200 personas. Y tenemos aproximadamente 22 años trabajando,
Siento que he logrado bastante y que hemos hecho muchas cosas.
Debemos resaltar que la Plaza de la Cultura es una institución si fines de lucro, conformada por un equipo dispuesto a comprar lo que sea necesario para que el proyecto se mantenga; “estamos aquí por amor al proyecto”. Todo el dinero que entra, se destina a la Plaza
Este proyecto se sostiene por pequeños aportes, además de la colaboración del gobierno.
¿Cuántos jóvenes ha graduado la Plaza?
Hemos graduado 350 jóvenes, que es mucho, para el pueblo de Bonao; algunos siguen estudiando, otros se han ido del país, otros dan clases.
Recientemente el gobierno, nos declaró “Activo Cultural” de la nación.
“Contamos con 350 estudiantes aproximadamente en las distintas áreas de la Plaza, con sus cinco distribuciones, cuenta con un taller de música, clases de ballet, danza clásica, moderna; clases de piano, de guitarra, teatro, en fin todo lo referente con el arte”.
Desarrollamos el proyecto del niño limpiabotas, que consiste en buscar cada sábado a los niños que están limpiando zapatos y traerlos a la Plaza, con la finalidad de que esos niños de escasos recursos y con facultades para el arte no se limiten por sus condiciones económicas; les damos $30 pesos por ese tiempo que estuvieron con nosotros.
Tenemos también el de los niños discapacitado, donde trabajamos con estos niños dirigidos, por una profesora experta en el área.
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